El mouse alarga mi brazo, entonces la mano busca una lapicera para decir que justamente este brazo te abrazó y, al recordarlo, siento un aprieto en mi torax que me habla del momento en el que tu cuerpo me envolvió, tu pecho me absorbió, tus manos se ocuparon de toda mi piel, y tus labios jamás abandonaron mi boca.
Soy tu cuerpo.
Tantas veces te reproché no mirarme a los ojos. La última vez, harto, dijiste que no me mirás porque te morís por comerme a besos. Entonces me dejé comer, y así te pude ver y luego leer el amor en tus ojos.





