1 de noviembre de 2009

Chat y la prehistoria que sigue

Insisto: ¡qué básicos son, muchachos! Ni siquiera la tecnología les ha renovado el verso. Sé que lo intentan, tratan de no babear el teclado imaginando el hembrón que puede haber tras la otra computadora, pero aburren por obvios.

Si el nick no aporta seguridad sobre el sexo de la persona en cuestión, tiran sin disimulo un “¿sos hombre o mujer?” ¿Qué se puede pensar en ese momento, sino que están de levante? Lo mismo que ese maldito: “¿cómo sos?” Se merecen por respuesta un “FEA”.

Ojo que no hablo sólo de una charla privada. Podrán comprobar que en las salas generales, sobre todo cuando irrumpe una mujer que no es participante habitual del lugar, cual buitres a la carroña, abalanzan sus garras sobre el teclado poniendo en riesgo la integridad del server al grito desesperado de: “HOLA, FULANAAAAAAAAA; HOLA, LINDAAAAAAAA (se ve que son adivinos); ¿QUIÉN SOS?; ¿CÓMO SOS?; ¿CUÁNTOS AÑOS TENÉS?; ¿SOS SOLTERA?; ¿ESTÁS BUENA?; ¿DÓNDE VIVÍS?”

Paren un poquito. ¿Tan poca fe se tienen que no pueden buscarse una mujer cara a cara? En realidad, son tan elementales que no pueden imaginarse otra cosa que un agujero cuando intuyen o saben que se trata de una mujer.

No se imaginan que en el fondo nos divertimos viéndolos correr babeados tras el huesito. Ustedes mismos se burlan de sus amigos simulando ser bellas damas.

Parecen moscas que van al dulce, pero no hay que olvidar que las moscas comen también otras cosas y ponen sus huevos en cuerpos en descomposición. Por eso, ante un nuevo “¿cómo sos?” en el chat, obtendrán por respuesta de algunas de nosotras un “para vos, imposible”. Después de todo, de paja se alimentan los caballos.

24 de octubre de 2009

Vivir, a pesar de todo


La escarcha se mantiene hasta las diez.
“Heladas eran las de antes”, dicen los viejos, pero los chicos que la soportan al costado de la vía, son de ahora. Y sus madres, gordas, hinchadas de galleta y mate cocido, que es lo que hay, ven pasar el tren de hierro calentando su pava ennegrecida. Los más grandes pasan también pidiendo monedas, subidos a ese mismo tren, o venden tortillas asadas en el paso peatonal. Ella se queda con los más chiquitos, que por milagro cada día se salvan del tren, pero no del hambre ni del frío cuando no se tienen zapatillas.
Y la vida sigue a pesar de todo. ¿Cómo fueron a parar a ese agujero?¿Cuántos hijos tiene y a cuántos habrá enterrado enfermos de injusticia?¿Recordará sus nombres?¿Le seguirán doliendo o cuidar a los que quedan hace superarlo todo?¿Qué destino les espera sin escuela y sin comida? La injusticia de vivir o sobrevivir a pesar de todo, y de todos los que pasamos viendo sin ver.

14 de octubre de 2009

Peor es tener hermanos

Siempre quise ser varón.
Pueden irse de putas cuando se les canta, pero en eso nos convertimos si usamos nuestro sexo a piacere.
Pueden hacer pis parados. ¿Caí en un lugar común? Puede ser, pero real. ¡Hasta hacen pis en público contra las paredes! Estoy harta de verlos. Si nosotras, por no aguantar más vamos a los yuyos, somos unas sucias.
Si salen con pendejas son unos vivos terribles, si salimos con pendejos, somos unas degeneradas. Si salen con viejas, son unos piolas que se hacen mantener, si salimos con alguien mayor, somos unas aprovechadoras. Pueden pegarle a un irrespetuoso y defenderse a las piñas, mientras aumentan las estadísticas de mujeres muertas en manos de sus parejas.
No tienen que tener tetas grandes, ni depilarse, ni parir, ni pensar en toda la comida de la semana antes de irse a trabajar. Pero lo peor de lo peor, es cuando se tienen hermanos varones: no te atrevas a opinar sobre sus “novias”, pero que se las vayan tomando tus “amigovios” porque con una simple mirada amenazante alejan a todo posible candidato. ¿Todavía pensás “me gusta ser mujer”? Nacha, tomátelas.

4 de octubre de 2009

La espera

Apoyar la cabeza en la almohada y esperar.

Preguntarse entre sueños hasta cuándo dormirá sola ella, acompañado él.

Levantarse y mirarse al espejo preguntándose: ¿qué pensás hacer?, y esperar.

Esperar que suene el teléfono. ¿Nos vemos un ratito? Un turno. Y esperar al próximo llamado. Pero si son más de las siete, ya no habrá llamado.

Preguntarse durante la cena hasta cuándo cenará sola ella y en familia él.

Apoyar la cabeza en la almohada y esperar.

Necesitar lo que no se tiene. Peor aún, merecerlo. Y esperar, para nunca obtenerlo.

17 de septiembre de 2009

Por lo menos que sea trabajador


¿Escucharon esa frase alguna vez en boca de una mujer? U otra del tipo “por lo menos no le pega”. Parece ser que muchas mujeres se conforman con poco, y con menos también.

En nuestro inconsciente cultural hay un supuesto que indica que las mujeres debemos conformarnos con hombres que no nos maten a trompadas, aunque sean infieles, nos insulten y humillen cada vez que puedan.

Y, por el contrario, el otro supuesto es que, no importa cuanto te pegue, mientras trabaje y “no te haga faltar nada”. Y si gana mucho, mejor, “nena, que más querés”.

Sin embargo, los caballeros suelen exigir de sus esposas algunas características más: buena cocinera, buena amante (en ese orden), buena madre, mejor ama de casa, buena nuera, que no grite, que no se queje, que no tenga amigas y mucho menos amigos, que no sea celosa, que lo deje tener amigos y amigas, que no se le ocurra tocar el control remoto y, entre otras cosas mas, que sea tonta.

Momentito, que esto no es lo peor, sino que las mujeres mismas exijamos eso a otras mujeres, sobre todo si están en pareja con nuestros hijos, pero ellos pueden relajarse, al menos que no le pegue y, eso si, ¡que sea trabajador!

31 de agosto de 2009

Pobre chica

Trabaja en un locutorio del centro la gordita, pero, a diferencia de otras gorditas que trabajan en locutorios, jamás la vi sonreír. Claro que hoy era un infierno de gente apurada, y la lluvia y la falta de monedas, en fin. Pero otros días de sol, con menos gente apurada y qué se yo, tampoco jamás la vi sonreír. Pobre chica.
Mientras esperaba, observé su mirada inquisidora contando billetes de cien, sus mejillas sonrojadas todo el tiempo. Nos miraba por encima de sus lentes como quien nos estuviera haciendo un gran favor.
Vino un chico como de doce o trece años. Le iba a pagar una llamada de veinticinco centavos con diez pesos. En ese momento pensé “pobre chico”. La gordita roja de furia le gritaba: “¡Veinticinco centavos!¡Las llamadas locales se pagan con monedas!¡Hay carteles que dicen que las llamadas locales se pagan con monedas!¡Veinticinco centavos!¡¿No tenés veinticinco centavos?!”
Me pregunté si el pobrecito sabría leer, pero me siento aún hoy una cobarde por no haberlo defendido. Con timidez le dijo “Tengo quince”. La respuesta de la gordita sonrojada no sé si salió de su boca o del humo que emanaba de sus orejas.¡Bueno, dame quince!¡¿Quién más para hablar?!
Pobre chica. ¿Sabrá leer lo que pasa por el costado de sus lentes?

18 de agosto de 2009

Mitos que perduran y mantienen la opresión

“No bato la crema porque me vino la menstruación y se va a cortar”. Frases como esta ni a mi abuela le escuché jamás, pero aunque no lo puedan creer, salió de la boca de una mujer de treinta años, que no vive en la yunga salteña, no, está educada acá nomás, o más bien, instruida. Conduce con gran pericia su camioneta, y a sus siliconas con gran decisión, pero cree que su crema de leche y su menstruación se pueden “cortar” confluyendo entre sí.

¿Qué hace que una mujer del siglo XXI crea que debe hacer más caso a ciegas a su madre que a un ginecólogo, y que no use, aunque más no sea el sentido común, para llegar a la conclusión lógica de que la crema y la menstruación no tienen puntos de contacto?¿Qué nos hace pensar que el juguito del churrasco alimenta más que la leche materna?¿O que una mujer se dedica a la prostitución porque le gusta?¿O que un chico debe ser gordo para estar “sanito”?

Estas y tantas otras creencias infames, no nos permiten pensar, nos llevan a aceptar todas las cosas que nos son heredadas como verdades y a aceptar más tarde que los hombres merecen ganar más que nosotras en los mismos puestos, porque ellos no faltan al trabajo cuando se enferman los hijos. También deberían faltar y nosotras entender que no salimos de la costilla del hombre, sino que ellos salieron del vientre de la mujer.