29 de febrero de 2012

Peregrinación



En este mar desierto de miradas, donde sueño encontrarte casualmente, me prometí no extrañar tu risa de enero, pero ya ves, la melancolía no descansa.

¿Te acordás la esquina aquella, llena de gente? Por un instante éramos sólo los dos. Suerte que no prometiste nada. Suerte que supe que tu ansiedad no era promesa. Suerte maldita que cada vez que sos mío un rato, la vida pasa alrededor y yo te pierdo una vez más.

14 de febrero de 2012

Besos


El mouse alarga mi brazo, entonces la mano busca una lapicera para decir que justamente este brazo te abrazó y, al recordarlo, siento un aprieto en mi torax que me habla del momento en el que tu cuerpo me envolvió, tu pecho me absorbió, tus manos se ocuparon de toda mi piel, y tus labios jamás abandonaron mi boca.

Soy tu cuerpo.

Tantas veces te reproché no mirarme a los ojos. La última vez, harto, dijiste que no me mirás porque te morís por comerme a besos. Entonces me dejé comer, y así te pude ver y luego leer el amor en tus ojos.

13 de febrero de 2012

Eternidad



Dos personas se encontraron cuando no debían. Entonces dejaron de encontrarse para dejar de quererse, de adorarse, de desearse. Pero al cabo de varios años se volvieron a encontrar. Tampoco debían, pero se amaron, adoraron y desearon nuevamente, ya sin posibilidad de evitarlo, de evaporarlo, de diluirlo con el paso del tiempo.

El deseo era tan grande que los vinieron a buscar. Se los llevaron, los condenaron y perecieron amándose.

Hoy se leen los recuerdos de sus miradas deseosas, de sus lenguas hambrientas, de sus manos desesperadas y sus vidas juntas, quemándose en la eternidad.

3 de febrero de 2012

El olvidado inolvidable



Está algo sucio, pero no demasiado. Invierno y verano lleva puesta su remera estirada y su raída gorra azul.

Todas las mañanas, sin falta, para el colectivo en el puesto de panchos de la Avenida 14. Y también sin falta, cuando empieza a subir el resto de la gente él le hace señas al chofer para que siga, como si esperara a otro. Y con gestos exagerados se queda hablando con nadie.

Hoy subió.

Y arriba del colectivo venía hablando con ese nadie. De a ratos le decía que no. De a ratos le indicaba lugares y recorridos.

Me resulta inolvidable. Pero se ve que a él, como a tantos otros, alguien lo dejó olvidado por las avenidas del sur.