
En este mar desierto de miradas, donde sueño encontrarte casualmente, me prometí no extrañar tu risa de enero, pero ya ves, la melancolía no descansa.
¿Te acordás la esquina aquella, llena de gente? Por un instante éramos sólo los dos. Suerte que no prometiste nada. Suerte que supe que tu ansiedad no era promesa. Suerte maldita que cada vez que sos mío un rato, la vida pasa alrededor y yo te pierdo una vez más.



